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Rutinaria ideología (vs) septiembre el año de los profesores.

Publicado el dia 18/09/2020 a las 17h44min | Atualizado dia 06/10/2020 às 15h33min
*Por Gustavo M Russo – Abogado y Profesor en Ciencias Jurídicas

Considero muy importante, en este tiempo, recordar el día del profesor, particularmente por la labor educativa, que junto a los maestros, se está llevando a la práctica en plena pandemia del Covid 19. Quiero, con estas palabras, destacar a quienes dan ese servicio con vocación ciudadana plena y que no están pensando, mientras realizan la tarea, en cuánto redituaría económicamente. Pero antes, brindaré algunos detalles ligeros, dentro de la historia de la educación, para terminar hablando de un profesor muy particular.

El día del profesor se conmemora el 17 de septiembre por ser la fecha de fallecimiento de José Manuel Estrada, periodista de base, católico, que dictó clases en el campo literario y en disciplinas como la Oratoria, la Filosofía, llegando a ocupar el cargo de Rector del Colegio Nacional de Buenos Aires. Encontramos además, otros de un recorrido semejante al primero, que pasaron incluso por las aulas de primaria  como el anterior, el caso de Ricardo Rojas, destacado profesor, quien se desempeñó como Rector de dos importantes Universidades, la de Buenos Aires y la de La Plata. Considerado como unos de los intelectuales más influyentes de la Argentina. También en el campo de la política, se encuentra Alicia Moreau de Justo, con formación de maestra, dictaba clases mientras estudiaba medicina. Se especializó como profesional de enfermedades femeninas. La esposa del fundador del Partido Socialista, fue una de las primeras médicas de toda América latina. Quien ejerció como profesora, en materias a fines a su carrera universitaria, en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Plata.

La idea de esta columna, es definitivamente destacar a un profesor del sector popular, que se diferencia de los nombrados anteriormente, ya que en dos oportunidades llegó a obtener el más alto cargo que se puede esperar. Estoy refiriéndome históricamente al primer presidente elegido democráticamente a través del sufragio secreto y obligatorio, que otorgó en 1912 la Ley Saenz Peña, originando un nuevo espectro político a seguir, que logrará con Eva Duarte de Perón la universalidad final, al legalizar el voto de la mujer. Hablo de don Juan Hipólito del Corazón de Jesús Yrigoyen, abogado recibido en la Universidad de Buenos Aires. En quien pondré el acento para esta ocasión, ya que en 1928 con 76 años de vida, vuelve a ser electo presidente de los argentinos.

Hipólito Yrigoyen fue profesor de Historia, de Filosofía y de Instrucción Cívica. Su primera presidencia puso un fin a la hegemonía conservadora, de más de 40 años en el poder, que significó el acceso político de la clase trabajadora. Esta oportunidad dio lugar a reformular varias cuestiones de las políticas públicas postergadas hasta ese entonces, donde la educación fue una de las cuestiones a revisar por su parte.

Dentro de su primer gobierno, donde obtuvo pleno cumplimiento de mandato, ya que el segundo fue interrumpido por el primer Golpe de Estado, cívico militar que se conoce. Hipólito Yrigoyen, realizó cambios notables, creando la posibilidad de una corriente novedosa en la educación popular. Una reforma educativa, que será contrarrestada durante su gobierno por los sectores conservadores que intentarán que caiga en abandono total.

 Las mismas se asentaron, en generar un gran cambio, de acuerdo a los tiempos y a las necesidades por las que exploraba nuestro país en la década del 20 posterior a la primera guerra mundial. Su principal impulso, fue poner el eje en la educación y el trabajo, advirtiendo en los diseños curriculares de época, que el Ministerio de Instrucción (como se le llamaba al Ministerio de Educación) tenga en cuenta, oponer a la concepción liberal, propia del normalismo enciclopedista, la identidad nacional en la escuela. La misma serviría para educar, al hijo del habitante inmigrante y trabajador, en miras del desarrollo productivo e industrial de la nación, más allá del modelo agro exportador establecido por las elites dominantes.

Adriana Puiggros, en su libro “Qué pasó en la educación argentina” nos cuenta:

[…] “Entre 1916 y 1930 se crearon 22 colegios nacionales…, entre 1916 y 1925, 14 escuelas normales, 1 industrial, 3 comerciales, 3 profesionales de mujeres… 37 escuelas de artes y oficios creadas entre 1916 y 1923… Así se termina de organizar el sistema de educación para adultos con enseñanza de oficios cuya modalidad de escuelas complementarias fue exitosa”.

 Obviamente, que Yrigoyen tuvo que soportar las críticas de la revista pedagógica de la época, llamada “La Obra” fundada en 1921, que jamás brindó una sola propuesta pedagógica clara para contribuir a la educación popular a pesar de acompañar cotidianamente el trabajo docente. Pero sí captó sectores del progresismo y de la cultura, para que en el año 1930, apoyaran, dentro de la confusión originada por el paso de la presidencia, de un radical de familia patricia como Marcelo T de Alvear, el golpe de Estado que comandara José Félix Uriburu. Tiempos en que Carlos Gardel entonaba el tango ¡Viva la patria! Dando comienzo a la horrorosa década infame, que desencadena una persecución espiritualista, como la llamaron ellos mismos, contra aquellos docentes que eran considerados comunistas.

El desenfreno militar terminaría recibiendo, en los años 40, otro golpe a su desdichada suerte por parte del Gobierno de Oficiales Unidos. En este mes, exactamente el 6 de septiembre, se cumplió noventa años de la fecha de ese primer Golpe de Estado, orquestado para evitar, entre otras cuestiones, la nacionalización del petróleo por parte del gobierno popular de Hipólito Yrigoyen. Originando, a partir de entonces, una serie de intromisiones militares continuas, hasta llegar al 10 de diciembre de 1983, que es cuando otro gobierno radical, encabezado por el Dr. Raúl Alfonsín, abre una nueva etapa definitiva para recobrar la democracia argentina.

Finalmente debo terminar aclarando, que Hipólito Yrigoyen entre 1880 y 1905, que es cuando ejercía la docencia, lo hacía en carácter de ad honorem, ya que sus honorarios los donaba al Hospital de Niños como un gesto de enorme de grandeza.

Queda demostrado entonces, que el ataque a los gobiernos populares persiste hasta nuestros días, sea con golpes duros o blandos, representando un acto propio de los mediocres de siempre, que nada saben de qué es lo que le conviene a los intereses del país. Y que se realizan para generar que las clases altas, puedan mantener sus privilegios a costa de la opresión de todo un pueblo.

Serán los profesores de la democracia, sin duda alguna, cada uno en su disciplina y desde su lugar, quienes deberán afrontar la formación ciudadana adecuada, buscando las explicaciones pertinentes a estos hechos y concientizar a las nuevas generaciones, sobre la comprensión de un modelo de país democrático e institucionalmente fuerte, perfectible en el tiempo, que no vuelva a cometer los errores del pasado y que con memoria activa, cohesione la historia con el presente para proyectar un futuro próspero, donde el compromiso con la nación sea el principal objeto en la que debe recaer toda la institución educativa. Lo fue en la Francia de Rousseau, con la educación para crear su Estado Nación, luego de la Revolución francesa de 1789, lo tiene que ser actualmente en Argentina, dentro del contexto pandémico, en el cual el amor hacia una profesión, es un sostén importante para contener las desigualdades sociales experimentadas. Sin que falte la presencia de un Estado interventor.

Ahora sí, luego de comentar las apreciaciones que creí convenientes expresar, mi mayor reconocimiento a todos los profesores en su día y en su año, que desde sus hogares y con vocación inclaudicable, siguen soportando el embate de la crisis y la estigmatización social, mediática e injusta de siempre, en estos tiempos difíciles de rutinaria ideología.

Fonte: Informativo Regional