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InformaciĆ³n General

bancate ese defecto

tratando de terminar con el peronismo

Qué equivocado está el que cree, que con una marcha de odio puede derrocar a un gobierno peronista; y no es, solo porque el amor vence al odio. Es simplemente  porque desconoce el origen que dio nacimiento al peronismo.

El partido peronista, como verdadero movimiento político y social de masas, proviene del yrigoyenismo radical. Fue perseguido, masacrado y proscripto por la dictadura militar, durante casi 20 años de historia, a partir de 1955.  Luego, en los 70 también otra dictadura militar pero más cruel y sanguinaria,  lo trata de exterminar, volviéndolo  a perseguir, hasta lograr desaparecer a muchos de sus militantes. Estos trágicos hechos originaron la conformación de su ADN político y el acrecentamiento de seguidores, “un gen desconocido por el odiador ignorante”, permitiéndole obtener su subsistencia a través del tiempo.

Siempre se las ingenió para volver una y otra vez al poder. Se consolidó como una única opción factible, adaptable y clara de gobernabilidad. Pudo de esa forma, sortear la embestida del régimen de la derecha, cobijando a los pobres, a los productores agrarios, a los industriales, a los trabajadores, a los maestros, a la mujer  y a todo aquel dirigente político, del campo popular, sediento de aportar algo positivo a la sociedad argentina, siendo católico, comunista, radical, socialista o conservador. 

Cuando sos una persona que naciste en familia anti peronista, como es mi caso, y te tomás el tiempo para leer y estudiar  este fenómeno sociológico, te das cuenta, que al reconocer a sus enemigos políticos, tu análisis te conduce a la opción de adherir al Peronismo. Los “terribles aciertos” de los gobiernos antiperonistas, resaltan las virtudes del peronista.

Así, que quien se oponga como  “anti”, al peronismo, al kirchnerismo, al Frente de Tod@s, con la idea de voltearlo y no verlo nunca más, no entiende nada y seguirá provisto de una falaz creencia ideológica, que lo conducirá hasta la muerte.

El odio irracional queda como único recurso para intentar contrarrestarlo. Es la real falta de conocimiento, es alimentar la ignorancia supina, es respaldar a quienes destruyen, lo que se dice en vano amar. Bajo este contexto actual, odiar, aún exigiendo libertad y poder expresarse, en el día de la independencia y agitando una bandera, es un gran acto coherente del cipayismo de manual. Se habla de lo que se carece, es decir, de argumentos; de lo contrario, no se podría decir nada. Los adversarios del peronismo hacen uso del libre albedrío y  le endilgan, la propia impotencia política genuina que padecen.

Lo único que, verdaderamente sirve, es la calma y la idea de poder entender la diversidad en todas sus maneras.

Nadie cercena más la libertad y la seguridad, que quienes salen a la calle, violando la cuarentena sanitaria y la ley penal, pudiendo propagar contagios y  agrediendo a cualquiera, incluso al periodista que le coloca un micrófono para expresarse libremente.

Nadie desoye más a Dios, que aquel que no respeta, ni el primer mandamiento, ni la ley, ni el verdadero sentido de la convivencia democrática, ni cuida a su semejante.

En fin, lo más loable y sano para un acto patrio, es llevar una bandera argentina sostenida con amor y no, con bronca de sentirse un ser superior, además, de no tener como único propósito más que el violar algún principio del compromiso ciudadano del respeto y del cuidado.

Tengamos presente, que tanto San Martín, como Belgrano, Moreno, Rosas, Yrigoyen, Perón, Palacios, Solano Lima, Balbín, Frondizi, Illia y Alfonsín, entre los notables, hubieran sido los primeros en señalar  con sus discursos, esa temible defensa  por parte de un sector de nuestra sociedad, del interés antipatria, foráneo y de coloniaje mental, lascivo e inescrupuloso, representado por los empresarios de Vicentín y apadrinados por los multimedios de la desinformación de La Nación y de Clarín.  

Razón tenía Enrique Santos Discépolo cuando dijo; “yo no lo inventé a Perón, nació como una reacción a tus malos gobiernos”…

Ahora sí, hacete cargo: seguí bailando la danza de la “intelligentzia”.  ¡Bancate ese defecto!

  

 

Qué equivocado está el que cree, que con una marcha de odio puede derrocar a un gobierno peronista; y no es, solo porque el amor vence al odio. Es simplemente  porque desconoce el origen que dio nacimiento al peronismo.

El partido peronista, como verdadero movimiento político y social de masas, proviene del yrigoyenismo radical. Fue perseguido, masacrado y proscripto por la dictadura militar, durante casi 20 años de historia, a partir de 1955.  Luego, en los 70 también otra dictadura militar pero más cruel y sanguinaria,  lo trata de exterminar, volviéndolo  a perseguir, hasta lograr desaparecer a muchos de sus militantes. Estos trágicos hechos originaron la conformación de su ADN político y el acrecentamiento de seguidores, “un gen desconocido por el odiador ignorante”, permitiéndole obtener su subsistencia a través del tiempo.

Siempre se las ingenió para volver una y otra vez al poder. Se consolidó como una única opción factible, adaptable y clara de gobernabilidad. Pudo de esa forma, sortear la embestida del régimen de la derecha, cobijando a los pobres, a los productores agrarios, a los industriales, a los trabajadores, a los maestros, a la mujer  y a todo aquel dirigente político, del campo popular, sediento de aportar algo positivo a la sociedad argentina, siendo católico, comunista, radical, socialista o conservador. 

Cuando sos una persona que naciste en familia anti peronista, como es mi caso, y te tomás el tiempo para leer y estudiar  este fenómeno sociológico, te das cuenta, que al reconocer a sus enemigos políticos, tu análisis te conduce a la opción de adherir al Peronismo. Los “terribles aciertos” de los gobiernos antiperonistas, resaltan las virtudes del peronista.

Así, que quien se oponga como  “anti”, al peronismo, al kirchnerismo, al Frente de Tod@s, con la idea de voltearlo y no verlo nunca más, no entiende nada y seguirá provisto de una falaz creencia ideológica, que lo conducirá hasta la muerte.

El odio irracional queda como único recurso para intentar contrarrestarlo. Es la real falta de conocimiento, es alimentar la ignorancia supina, es respaldar a quienes destruyen, lo que se dice en vano amar. Bajo este contexto actual, odiar, aún exigiendo libertad y poder expresarse, en el día de la independencia y agitando una bandera, es un gran acto coherente del cipayismo de manual. Se habla de lo que se carece, es decir, de argumentos; de lo contrario, no se podría decir nada. Los adversarios del peronismo hacen uso del libre albedrío y  le endilgan, la propia impotencia política genuina que padecen.

Lo único que, verdaderamente sirve, es la calma y la idea de poder entender la diversidad en todas sus maneras.

Nadie cercena más la libertad y la seguridad, que quienes salen a la calle, violando la cuarentena sanitaria y la ley penal, pudiendo propagar contagios y  agrediendo a cualquiera, incluso al periodista que le coloca un micrófono para expresarse libremente.

Nadie desoye más a Dios, que aquel que no respeta, ni el primer mandamiento, ni la ley, ni el verdadero sentido de la convivencia democrática, ni cuida a su semejante.

En fin, lo más loable y sano para un acto patrio, es llevar una bandera argentina sostenida con amor y no, con bronca de sentirse un ser superior, además, de no tener como único propósito más que el violar algún principio del compromiso ciudadano del respeto y del cuidado.

Tengamos presente, que tanto San Martín, como Belgrano, Moreno, Rosas, Yrigoyen, Perón, Palacios, Solano Lima, Balbín, Frondizi, Illia y Alfonsín, entre los notables, hubieran sido los primeros en señalar  con sus discursos, esa temible defensa  por parte de un sector de nuestra sociedad, del interés antipatria, foráneo y de coloniaje mental, lascivo e inescrupuloso, representado por los empresarios de Vicentín y apadrinados por los multimedios de la desinformación de La Nación y de Clarín.  

Razón tenía Enrique Santos Discépolo cuando dijo; “yo no lo inventé a Perón, nació como una reacción a tus malos gobiernos”…

Ahora sí, hacete cargo: seguí bailando la danza de la “intelligentzia”.  ¡Bancate ese defecto!

  

 

 

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